Act 6 - UNPLUG ACTO Nº 6

UNPLUG FOSTER HUNTINGTON

Foster Huntington se desconectó de la sociedad y se conectó con su mundo de sueños. Ahora da un paso más para internarse en el reino de la fantasía, construyendo un estudio de cine en el bosque, donde la imaginación pueda andar a sus anchas.

En el condado de Skamania, Washington, un cálido y soleado día de agosto, Foster Huntington viene a recibirme a pie, descendiendo sin prisa por la pendiente de un camino de tierra. El joven de 28 años originario de la costa noroeste del Pacífico viste vaqueros cortados, zapatos sin cordones y una camisa de Chambray arremangada. En una mano, trae un jarro de café. Luce la barba descuidada del tipo que tiene en mente cosas más importantes que afeitarse, y la sonrisa distendida de quien despierta cada mañana en el paraíso.

El trayecto en auto para visitarlo es sencillamente deslumbrante. La luz del sol baila por entre las copas de los pinos centenarios que bordean la serpenteante Ruta 14, esculpida en altos arrecifes que asoman al majestuoso río Columbia. Cualquier otro día, estacionaría en lo alto de la colina donde reside Foster. En cambio hoy, el camino de acceso está ocupado por una pequeña cuadrilla de obreros que llegaron a las 6 en punto de la mañana para verter 140 yardas de hormigón en los cimientos que están construyendo en la ladera del cerro. Foster está embarcado en algo, y esta es solo una de las innumerables etapas de su plan maestro.

Cinco años atrás, Foster vvivía en Manhattan y trabajaba como diseñador de ropa sport para hombres en Ralph Lauren. “Todos me llevaban entre 7 y 20 años, así es que podía ver las diversas etapas de lo que sería mi vida si me quedaba ahí y seguía haciendo lo que estaba haciendo”, dice. “Aunque era realmente cómodo, me di cuenta de que no era eso lo que me pedía el alma. No me motivaba la comodidad. Quería divertirme, quería crear, quería hacer cosas.” En su tiempo libre, había comenzado a hacer un blog de fotos en el que documentaba los valiosos objetos que la gente elegiría salvar en un incendio. Ese blog le llevó a negociar la publicación de un libro con HarperCollins, la editorial que financió la van en la que Foster escaparía del confinamiento de la vida en Manhattan.

Recorrió el país y lanzó el hashtag #vanlife en Instagram, para documentar su viaje, y así fue reuniendo cientos de miles de seguidores (a la fecha, en el entorno de un millón). “Yo tengo una manera de encarar el riesgo que difiere de la de mucha gente”, me dice, y quienes no nos animamos a apartarnos de la sociedad podríamos vivirlo indirectamente a través de su experiencia. Luego de tres años en el camino, sintió la necesidad de echar raíces, pero en lugar de comprarse una casa, reclutó a un grupo de amigos para que lo ayudaran a construir un par de casas en lo alto de dos imponentes abetos de Douglas ubicados en una propiedad de su familia aquí en Washington.

“Estos lugares donde nos encontramos no son típicos. Ciertamente existe en ellos un halo de fantasía. Me entusiasma dar ese paso más y abocarme a la ficción.”

Se ha plasmado la historia en una película de Farm League y se la ha descrito en un extenso artículo publicado en el New York Times. Se puede ver el lugar en cientos de fotos en línea –caprichosas estructuras en la copa de los árboles unidas por un puente de cuerda y escaleras curvas que asoman a la extraordinaria pista de skate de hormigón de Foster en forma de bombonera, todo inmerso en las tonalidades doradas de la hora mágica. En la vida real, a millas de la ciudad más cercana, reslta aún más fantástico. Una bandada de polluelos entran y salen a toda prisa de canteros de flores; gavilanes colirrojos y halcones peregrinos vuelan en lo alto del cielo. No faltan hamacas para recostarse ni moras para arrancar de los árboles. Pero no es esta una historia sobre todos los placeres que tengo al alcance de la mano. Es sobre lo que aún no está aquí: el próximo gran sueño de Foster que pronto se hará realidad.

“Estos lugares donde nos encontramos no son típicos. Ciertamente hay en ellos un halo de fantasía,” dice. “Me entusiasma dar un paso más y abocaarme a la ficción.” En el transcurso del mes próximo, la loza de concreto húmedo que hay detrás de mí será transformada en un estudio cinematográfico totalmente operativo, equipado con espacio de croma, sistema de control de movimiento para efectos especiales, taller de fresado de metales, sala de edición, estudio de grabación y, desde luego, una mini pista de skate interior. “En lugar de hacer que sea un parque de oficinas sin rostro en Burbank, o un área de pequeños cubículos, la gente puede venir, dejarse llevar por la imaginación y no preocuparse tanto por lo que se considera normal o práctico”, explica.

Si se le da una mirada al canal de Foster en Vimeo, se verá que ya es todo un documentalista, con bellísimos videos sobre la construcción de las casas en los árboles, los viajes de surf, las expediciones de navegación a vela. Sin embargo, si se profundiza un poco, se podría llegar a notar que hay algo más. En un reciente video titulado Floater, un puñado de surfistas parecen cabalgar sobre las olas sin tablas de surf, con un halo de magia. “Se lo hizo en el marco de un documental que bien podría haberse planteado como un video tradicional sobre surf, pero utilizamos un generador de caracteres CG para quitar las tablas de surf”, explica. “Supuse que la gente creería que era solo una broma y, para mi sorpresa, mucha gente creyó que era absolutamente real.”

“Quiero hacer que este espacio sea algo que entusiasme a la gente, que la inspire a pensar en grande, con una mente más abierta, permitiéndose darle lugar a lo ridículo.”

Alrededor de la casa del árbol donde está trabajando hoy, hay bastante evidencia de esa progresión hacia las realidades alternativas. Las paredes están revestidas de pinturas de aeronaves futuristas creadas por el artista con quien Foster está trabajando. En una cartelera parecida a las que el creaba para las colecciones de temporada de Ralph Lauren, aparecen fotografías de intrincados interiores de cabinas de aviones y vehículos para el desierto tuneados. Cada detalle en la vida de Foster refleja una imaginación sin límites. “Cuando era niño, estaba obsesionado con los juegos de armar Lego”, recuerda. “Me regalaban las cajas y no seguía las instrucciones. Simplemente hacía lo que se me ocurría. Ya un poco mayor, solía salir y construir fuertes en el fondo de mi casa, y me perdía en esos mundos imaginarios.”

Su pasión por el cine también comenzó tempranamente. “Soy disléxico, así es que leer siempre me ha costado muchísimo”, dice. “Cuando otros chicos leían un libro, yo más bien tenía ganas de ver una película.” En la facultad, se obsesionó con los westerns de Sergio Leone y los documentales sobre el rodaje de películas. Esta mañana, repartió el tiempo entre supervisar a la cuadrilla de construcción y ver Under Pressure, en el que se describe el rodaje de la película de ciencia ficción de James Cameron "El abismo" (1989). “Cuando se empieza a hacer ficción, se precisa contar con un equipo, por oposición al trabajo en solitario”, me cuenta Foster. “Quiero hacer que este espacio entusiasme a la gente y la inspire a pensar en grande, con una mente más abierta y permitiéndose dar lugar al ridículo.” Según él, tener todo allí quiere decir que no parecerá “tan idóneo ni tan pulido como muchos otros sitios”, pero él y sus colaboradores tendrán la libertad y la creatividad ilimitada para hacer lo que sueñen juntos, sin tener que abandonar nunca ese lugar.

Otro hombre en su lugar podría contentarse con quedarse para siempre en la casa del árbol, viviendo su sueño utópico, haciendo cóctel de frutas y disfrutando toda la noche su jacuzzi a leña. “Sin duda me inquieto y mi mente fácilmente se pone a divagar”, dice. “Siempre me ha interesado más el proceso de hacer algo que el resultado en sí mismo.” Cuando su amigo Kai, a quien Foster llama “el fabricante de magia,” llega al atardecer con su dron hecho a medida, tengo la sensación de que Foster está mucho más interesado en ver cómo vuela que en lo que puedan llegar a filmar con el aparato. Esta escena solo podría darse aquí: el dron de Kai sobrevolando en el aire, mientras Foster se desliza por la pista de skate, el cielo se enciende en matices anaranjados y el sol se pone entre los pinos. Como diría Phil Collins, "Just another day in paradise" (Simplemente otro día en el paraíso).

“Si mañana desapareciera internet, seguiría embarcándome en proyectos. Si tuviera una cámara, seguiría tomando fotografías”, explica. “Solo quiero hacer cosas que le apasionen a mis amigos y al niño de cinco años que llevo dentro, ya sea casas en los árboles, viajes en van, o la película de ciencia ficción en la que estoy trabajando en el estudio. Simplemente quiero hacer cosas que me entusiasmen.” De pronto, el dron se precipita, queda atrapado en la maraña de un árbol de moras, y nuestra nueva misión es encontrar la forma de rescatarlo. Si bien parece poco probable que podamos sacarlo a tiempo para hacer un vuelo exitoso, no es eso lo que verdaderamente importa aquí.

Frances Capell es un escritor y productor de videos que residente en Los Angeles.

Clayton Cotterell es un fotógrafo que trabaja en Portland y Los Angeles.

UNPLUG HA SIDO REALIZADO
POR RAY-BAN ROUND OPTICAL

MIRA OPTICAL

Este sitio web o herramientas de terceros utilizados por el propio sitio usan cookies necesarias para la operación y útiles para los objetivos establecidos en el aviso de privacidad, incluyendo la posibilidad de enviarle a usted anuncios publicitarios según sus intereses. Si usted desea saber más o no otorga su consentimiento a todas o algunas de las cookies, por favor consulte la política de cookies.
Al cerrar este aviso, navegar por la página, hacer click en un enlace o continuar navegando por el sitio de cualquier forma, usted acepta y otorga su consentimiento al uso de los cookies.