Act 3 - FIGHT PERFECTION ACTO Nº 3

FIGHT PERFECTION TE PRESENTAMOS A LOS BROCKHAMPTON, UN JOVENCÍSIMO Y GRANDIOSO GRUPO AMERICANO

Después de haberse conocido online, un grupo de fanáticos de la música ha dado el gran paso desplazándose de la tranquilidad de un pueblecito de Texas a las vertientes del éxito, con el abismo a sus espaldas: están decididos a llegar derechos a la cumbre, derribando a lo largo de su trayecto cualquier percepción sobre la raza, las clases sociales y la creatividad. En el mundo de los Brockhampton la perfección es un aburrimiento y las únicas reglas que valen son las suyas.

San Marcos se asienta en el corredor de la Interestatal 35, en el corazón de Texas, más o menos a mitad camino entre San Antonio y Austin. La ciudad cuenta con algo menos de 60.000 habitantes, incluidos los estudiantes de la Texas State University y de la prestigiosa San Marcos Baptist Academy fundada en 1907. El bochorno del verano se atenúa por ríos y pequeños lagos dispersos aquí y allá. Este año la Comisión artística de la localidad ha anunciado la futura colocación de estatuas que representan sirenas de casi tres metros de alto: durante décadas, en una feria local, mujeres disfrazadas de sirenas han ofrecido al público espectáculos subacuáticos. Y hasta hace poco San Marcos albergaba a la banda más extraordinaria del mundo, un grupo unido de raperos, cantantes, productores y otros creativos bautizados con el nombre de Brockhampton.

Hoy el grupo está muy lejos de San Marcos. Está en el lado oeste de Los Ángeles, el sol brilla y hace calor. Estamos en un estudio al norte de Sunset Boulevard, en un espacio destinado a los ensayos.

Tres miembros de los Brockhampton están ensayando por décima vez una escena de 20 minutos. Ian Simpson, más conocido como el rapero Kevin Abstract, está en el centro del escenario, detrás del pie del micrófono, iluminado a contraluz. A la derecha, debajo del haz de luz azul de un foco, está el cantante Joba que cuida las armonías bajo su sombrero rojo de los Houston Astros. Romil, uno de los productores del grupo, está en la parte opuesta: será el DJ en la próxima gira de Kevin. Está saqueando su Macbook para encontrar los efectos adecuados para las voces. Si alguna vez has visto un espectáculo de los One Direction o de los Five Seconds of Summer o eres lo bastante mayor para haber conseguido llevar a tus padres a ver a los Backstreet Boys o a los N’Sync, sabrás que detrás de cada grupo hay una coreografía muy cuidada, con efectos pirotécnicos y a veces con alguno que desciende del techo. Pero por ahora está solo, sacando sus inseguridades sobre un escenario semivacío.

La pieza acaba, las luces se encienden. Kevin, con una camiseta cualquiera que resalta con el rubio llamativo de su pelo, pregunta cómo ha salido el acento británico con el que se ha atrevido en una de sus canciones. “No he oído mucho de ‘British’”, dice Joba. “Solo una pizca”. Kevin asiente, de acuerdo. “Tengo que trabajar más en ello todavía”. Y de repente la habitación oscurece totalmente y volvemos al escenario.

Hasta hace poco San Marcos albergaba a la banda más extraordinaria del mundo, un grupo unido de raperos, cantantes, productores y otros creativos bautizados con el nombre de Brockhampton

En la actualidad los Brockhampton están al borde de un abismo. Hace un par de años, Kevin se introdujo en el mundo del rap con su pieza “Drugs” y el álbum MTV1987. Para muchos artistas un tal éxito habría abierto al instante las puertas de un sello discográfico, lanzándolo del modesto estudio casero a los brazos de un equipo de estilistas y compositores. Pero Kevin ha querido proseguir por su camino, sobre todo por lealtad hacia los Brockhampton. Hasta hace poco era difícil definir claramente a los miembros de esta banda de jóvenes promesas llenas de talento:

la composición del grupo era imprecisa y, desde siempre, el número de miembros indefinido (hablando de los primeros tiempos del grupo, el cantante Matt Champion cuenta que “purgaban” a los miembros acusados de escasa seriedad). Hoy, los miembros que viven en Los Ángeles son como mínimo diez, muchos desembarcados desde hace poco en una casa minúscula en South Central. Primero vivían en San Marcos, donde Joba iba al colegio. Aunque muchos vienen de Texas, el grupo en realidad nació online, primero en los foros de KanyeToThe.com y luego en un grupo privado de Facebook. Cuando llegó el momento de tomar la decisión de ir vivir todos juntos, algunos de ellos todavía no se habían conocido en persona.

Fue Kevin el primero que decidió bautizar al grupo “boy band”; los fans más fieles quizá recuerden que en su primer espectáculo en el SXSW de Austin, los chicos se presentaron llevando unos impermeables con tonos morados. “No me apetecía que nos etiquetaran como a un rap collective”, declara, “y me atraía la idea de reajustar el significado de boy band y pop music: un grupo colorido de chicos que hace Rythm & Blues, aunque el género es rap… mola, ¿no?”. Este año el grupo ha lanzado All American Trash, una compilación en la que los miembros se exhiben en una variedad de papeles. Casi en todas las canciones se siente esa creatividad desenfrenada sin duda alguna fuera de lugar en un ambiente formal, pero por lo demás irresistible en cualquier lugar.

“La composición del grupo era imprecisa y, desde siempre, el número de miembros indefinido”

Un día, después de los ensayos quedé con Dom McLennon en Gus Jr.’s, un restaurante pequeño cerca de la casa del grupo. Con sus 23 años, Dom es el “anciano” del grupo. Probablemente era uno de esos que, de pequeño, nada más que empezó a hablar, los adultos ya lo definían como “maduro para su edad”. Normalmente atento y tranquilo, tiene los ojos que brillan cuando habla del dinamismo creativo que se respira en casa. “En cualquier habitación que entras escuchas la pieza más bella que jamás has escuchado en tu vida”, dice. “Se respira la energía que vibra entre las paredes”.

Dom es un defensor convencido del trabajo duro: “Cuando juegas a baloncesto te entrenas todos los días en el gimnasio. ¿Por qué iba a ser diferente con la música? No es que tengas que exhibirte en público cada vez que haces un tiro o te entrenas”. En casa cada día unos doce chicos se desplazan de una habitación a otra en medio del caos (la chica de Matt nos alerta sobre los malos olores) contribuyendo con ritmos, riff, ideas, a menudo sin pensar para nada en el público que quizá nunca los escuche. Estamos claramente muy lejos de la perfección de las sesiones de grabación de un sello discográfico, pero esta es el alma del sonido único de este grupo.

Aunque algunos de los Brockhampton se dejan llevar por largos comentarios sobre los aspectos más desagradables del Internet, no hay duda que el mundo online les ha ofrecido un puerto que en la vita real no existe. Raperos, cantantes y productores tienen todos una sensibilidad sui generis y es evidente que para encontrarse se hayan refugiado en los meandros del mundo digital. Ahora que han movido los primeros pasos hacia un futuro factible, resisten a las presiones externas rechazando ajustarse a las normas del sector. Y están descubriendo rápidamente que la lealtad hacia sus ideales originales de creatividad, unicidad y excéntrica originalidad goza de éxito entre los fans.

De vuelva al estudio, Matt recorre el rápido ascenso del grupo: “La otra noche leíamos viejos tuits y otras cosas y Kevin dice que hemos avanzado mucho. En aquel momento, 24 “Me gusta” nos parecía muchísimo, una locura...”. Pero hoy, que él y sus amigos (él les llama “familia”) están al borde del éxito, a veces el mundo parece girar tan deprisa que expande el tiempo. Otro de los líderes del grupo, el rapero Ameer Vann, dice “Nos olvidamos siempre, que somos tan jóvenes. Alrededor tenemos siempre personas de 25 y 26 años, en los estudios, etc. y a veces nos olvidamos que somos solo unos niños”. Pero no nos preocupa demasiado, hasta ahora todo ha funcionado de maravilla. Cuando les preguntamos sobre las dificultades logísticas de agrupar una panda de geniales adolescentes en un rincón de Texas y luego transformarlos en uno de los productos más rentables del mundo de la música, Ameer se limita a encoger los hombros. “Es simplemente éxito. Hemos hecho nuestros cálculos, pero ha sido también un golpe de... suerte”.

Paul Thompson es un escritor y crítico que vive en Los Ángeles. Colabora con Pitchfork, Rolling Stone, New York Magazine, Spin, Passion of the Weiss y otras publicaciones. Está en Twitter @paulxt.

Julian Berman es un fotógrafo que trabaja en Los Ángeles, California.

Fight Perfection ha sido presentado por las Aviator Flash Lenses

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