ACTO Nº 4

FACE CRITICS DEAFHEAVEN

Te presentamos a Deafheaven, la banda que procede de la transgresión del black metal pero que siempre se ha negado a seguir las reglas. Mofándose de críticos y puristas, siempre ha permanecido fiel a sí misma desde el primer día.

Con dieciséis años, George Clarke era un chaval punk de Modesto, California. Le gustaba hacer un truquito con un encendedor. Delante del colegio o incluso por el pasillo, calentaba el lapicito puntiagudo de un lápiz de ojos negro (normalmente lo compraba en el Sally Beauty Supply, la tienda que había en la esquina) para delinear un contorno más marcado alrededor de los ojos. Con el delineador líquido era demasiado complicado: “Éramos muy básicos, no nos gustaba perder el tiempo”. Descendiente espiritual de lo mejor del goth rock como Bauhaus y The Cure, Clarke usaba también una sombra de ojos negra. El rechazo de sus compañeros le era completamente indiferente. “Acababa siempre con este pensamiento amargo” recuerda con una risa astuta. “Tú eres el tonto no yo, no entiendes lo que hago. Y el problema es tuyo, no mío”.

El Clarke adolescente era el alumno que reflexionaba tranquilo al final del aula, intentando no llamar la atención; el que intentaba ser invisible a su pesar. Fuera del colegio fumaba cigarrillos con los punk del parque. No tenía una gran autoestima, y lo reconocía, pero le gustaba recitar en el teatro: Sonny in Grease, el hermano de la asesina en Arsénico por compasión, un papel en Las brujas de Salem. “Cada vez que sentía ser el centro de atención me invadía una sensación de calor”, declara Clark. “La interpretación siempre ha sido una pasión, en el fondo hacer teatro es como llevar una máscara”.

La costumbre de sentirse “diferente” y descaradamente distinto le fue útil a Clarke cuando se convirtió en el portavoz de Deafheaven. La banda nacida en 2010 con el guitarrista Kerry McCoy, adorado compañero de clase en la Smiths y con el mismo espíritu excéntrico, se ha ganado la fama con tres discos: Roads to Judah en 2011, Sunbather en 2013 y New Bermuda en 2015. Su sound es emocionante, etéreo y disonante (como corresponde a las auténticas revoluciones). En el post-metal de Deafheaven la emotividad envolvente del post-rock y el shoegaze se fusiona con una pizca de black metal de acordes cortantes y el resultado es un poco como un dibujo en el que gruesos trazos del negro más profundo se yuxtaponen con delicados colores pastel. Relámpagos de luz y ritmo blast beat contrastan con el scream gutural y retorcido con el que Clarke pone voz a los textos que ponen el alma al desnudo. Deafheaven no tiene reglas pero la influencia del black metal, el growl de Clarke y el ritmo depresivo, están cargados de significado. Los gestos expresan “la ferocidad detrás de la música”, dice Clarke, expresando las emociones con “intensidad in crescendo, fuerza y extremismo”.

Su canción más famosa, “Dream House”, es una especie de poema epistolar, una épica moderna inspirada en un intercambio de textos ebrios entre Clarke y su chica de entonces.

I'm dying.
Is it blissful?
It's like a dream.
I want to dream. (Estoy muriendo. ¿Es una bendición? Es como un sueño. Quiero soñar.)

“Deafheaven no tiene reglas pero la influencia del black metal, el growl de Clarke y el ritmo depresivo, están cargados de significado”.

Para analizar los desgarradores exorcismos líricos de Clarke hay que leer los textos, pero toda la discografía de Deafheaven emana poesía. A nivel puramente sonoro, Deafheaven también hace un metal de “confesionario”. Detrás de una apariencia agresiva se percibe una elegancia, un romanticismo y un equilibrio peculiares. En directo, la personalidad intensa de Clarke recurre a su pasado teatral: un poco screamer, un poco bailarín moderno con tendencia a lo oculto, rigurosamente vestido solo de negro. A veces parece dirigir la banda hacia los volúmenes potentes del guitarrista de vanguardia Glenn Branca. “Cuando me exhibo, mi autoconciencia crece”, dice Clarke. “Es mucho más exagerada respecto a cómo soy normalmente. Probablemente era la misma sensación que tenía cuando me maquillaba. El teatro siempre me ha fascinado. El exceso me gusta”. Siguiendo un impulso del momento le pregunto qué opina de la ópera. Con entusiasmo me cuenta que no hacía mucho había hablado de Pavarotti con el bajo de la banda, Stephen. “¡A pesar de ser fuertemente dramática, la ópera infunde serenidad!”.

La exploración de Deafheaven, el mero hecho de que experimente, la ha proyectado hacia cumbres altísimas, sin duda muy insólitas para una banda agresiva (durante nuestra charla, Clarke aún no se había recuperado del todo de las secuelas del jet lag después de 17 horas de vuelo: había llegado de Australia donde Deafheaven había actuado en la Sydney Opera House). Por otro lado es bien sabido que la atmósfera onírica, dark y sombría de Deafheaven, que a menudo sale a la luz en sus canciones, ha dejado perplejos a los puristas del black metal. Escondidos detrás de las pantallas del ordenador, estos críticos a golpe de teclado juzgan a Deafheaven culpables de traicionar la santidad del género “suavizándolo”, es decir partiendo de una forma de música intencionalmente inaccesible y volviéndola aceptable, comercializando con la masificación un arte underground exclusivo, contaminando el misticismo a favor de la linealidad, pero en realidad complicándola (“Toda esta historia me tiene totalmente harto y aburrido”, suspira Clarke).

Según Clarke, la regla más importante que Deafheaven ha quebrado es su voluntad de ser increíblemente vulnerables – en la práctica, depender de una lógica creativa de base, necesaria para la supervivencia de un artista. “Deafheaven siempre se ha dejado llevar por una emotividad sin frenos y todo ha sido siempre autobiográfico”, dice Clarke. “Intentamos ser muy claros respecto a este objetivo nuestro como banda: queremos ser siempre emotivamente disponibles”. La cuestión remonta a las conversaciones originarias de Clarke e McCoy sobre la génesis de Deafheaven, cuando discutían ideas, riff e identidades sentados a planear minuciosamente. “Defendía que si no hubiéramos tocado temas que concernían directamente nuestras vidas, hubiera sido solo una pérdida de tiempo”, declara. “Teníamos que abrir todas las puertas, sin miedo a dejar entrar a los demás y sin miedo a mostrar lo que somos realmente”.

“Según Clarke, la regla más importante que Deafheaven ha quebrantado es su voluntad de ser increíblemente vulnerable.”

“No queríamos ni sentirnos falsos ni parecerlo”, continúa Clarke. “Para mí no vale para nada la pena dedicar tiempo a escribir si no es para ser totalmente honesto conmigo mismo y con lo que estoy viviendo”.

Como banda, Deafheaven me ha hecho pensar siempre en un mantra del maestro de la música ambient, Brian Eno, uno que compartió de la película Imaginary Landscapes de 1993: “Viajar hasta el extremo y luego aterrizar en una posición más útil”. Aprendiendo del extremismo del black metal pero negándose a poner límites a la imaginación o a los sentimientos, Deafheaven efectivamente ha subido el desafío con un tono estridente. “Siempre he admirado a los artistas que siguen siendo ellos mismos sin arrepentirse. Para mí esto es lo que importa”, dice Clarke.

A lo largo de su recorrido musical, Deafheaven ha atraído a un público de fans extremadamente heterogéneo yendo más allá de lo que permitían “las reglas”. “He aprendido una verdad muy simple: las personas son todas iguales”, comenta Clarke sobre su concepto de vulnerabilidad. “Muchas personas se identifican con esta misma experiencia, con las mismas ansiedades y las mismas depresiones”. En último término los críticos solo han resaltado su limitada mentalidad, reforzando en cambio a Deafheaven. “Siempre hemos tenido una mentalidad ‘nosotros contra vosotros’, a pesar de nuestra actitud abierta hacia los “otros”, dice Clarke. Quizá el hecho de haber sido un marginado también ha contado lo suyo. “Para empezar, nunca he sido muy popular, es más, quizá ni lo haya sido nunca”, ríe. “En el instituto, con mis amigos, teníamos esa actitud de quien va siempre contra todos. Y no era importante saber contra qué nos enfrentábamos. Nos resbalaba todo el mundo y las fiestas a las que iban: nosotros teníamos nuestras fiestas, teníamos algo que nos pertenecía solo a nosotros y era una pasada, porque no todos lo entendían. Se trataba precisamente de eso”.

Jenn Pelly es una escritora y redactora en Nueva York. Su libro, The Raincoats, será publicado el año que viene por Bloomsbury.

Graham Walzer ha nacido y crecido en los suburbios de Los Ángeles, en el barrio conocido como The Valley. Le gusta la calle, vaguear y hablar con la gente, observar su entorno. Hoy divide su tiempo entre Los Ángeles y el resto del mundo.

FACE CRITICS HA SIDO REALIZADO
POR RAY-BAN ROUND

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